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¿Cuánto dolor estamos dispuestos a sostener para pertenecer?

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  Hace unos días, mientras facilitaba un taller de constelaciones familiares, sucedió algo que aún resuena en mí. A medida que acompañaba a cada persona en su proceso, observando los lugares donde se habían colocado en su historia, las lealtades que aún sostenían como hilos invisibles, en un momento algo se abrió en mi percepción. Fue como si pudiera ver todo el taller desde otro lugar. Como si me disociara y, en ese silencio interno, viera con claridad el entramado completo: personas con sus cuerpos presentes, pero con sus corazones aún atados a un dolor antiguo… sostenido no por elección, sino por necesidad de pertenecer .  Y ahí surgió una pregunta: ¿Cuánto dolor estamos dispuestos, como humanos, a sostener con tal de pertenecer? Cuando compartí esa pregunta en voz alta, el espacio se llenó de un silencio particular. Algunas personas asintieron en silencio, otras se emocionaron. Pero en casi todos, la pregunta no necesitó respuesta. Se sintió. En nuestra historia famil...

Sostener lo diferente!!

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  Hoy, después de salir a caminar y sentir cómo el cuerpo se activaba, pensé en la importancia del movimiento. No solo del físico, sino del interno. Porque movernos, aunque sea unos pasos, también mueve las ideas, las emociones, la energía estancada. Y mientras caminaba, apareció una pregunta: ¿De verdad estamos en la carencia porque queremos?  Obviamente no. Nadie elige conscientemente quedarse en el vacío, repetir dificultades o vivir en la escasez. Pero tampoco es tan simple como decir que “si quiero abundancia, la tengo”, o que “si no la tengo, es porque no la elegí”. Creo que la clave está en otro lugar. Creo que todo se resume en esto: ¿Cuánto estamos realmente preparados para sostener ? Sostener el cambio. Sostener lo nuevo. Sostener lo que nunca vimos en nuestra historia familiar. Porque muchas veces, quienes venimos a resignificar una línea, a cambiar la narrativa de todo un sistema, sentimos miedo. Un miedo profundo, ancestral. Miedo a lo desconocido. A lo q...

Cuando habitar la emoción se vuelve una trampa!!

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Últimamente me encuentro observando un fenómeno interno que me deja pensando:   Las emociones como el miedo, el abandono, el vacío... Las que duelen, las que incomodan, las que te invitan a evitarlas a toda costa.    Nos enseñan que hay que habitarlas , mirarlas de frente, darles lugar. Que lo que resistes, persiste. Y aunque trato de hacerlo, de quedarme ahí y no huir, hay algo que me inquieta: a veces pareciera, y tengo la sensación, de que esas emociones no quieren solo ser vistas, sino que quieren ocuparlo todo. como si se tornaran demandantes, invasivas, casi egoístas.  Es como si dijeran: “ mírame a mí, sentime a mí, viví solo en mí” . Y entonces vuelven. Una y otra vez, con distintos rostros, distintas historias, pero el mismo sabor amargo. En ese intento de habitarlas, muchas veces siento que me ahogo. Como si al permitirles estar, ellas decidieran quedarse para siempre.  Y me pregunto: ¿hasta qué punto habitarlas me sana, y en qué punto me atrapan? ¿Qu...