¿Cuánto dolor estamos dispuestos a sostener para pertenecer?
Hace unos días, mientras facilitaba un taller de constelaciones familiares, sucedió algo que aún resuena en mí. A medida que acompañaba a cada persona en su proceso, observando los lugares donde se habían colocado en su historia, las lealtades que aún sostenían como hilos invisibles, en un momento algo se abrió en mi percepción.
Fue como si pudiera ver todo el taller desde otro lugar. Como si me disociara y, en ese silencio interno, viera con claridad el entramado completo: personas con sus cuerpos presentes, pero con sus corazones aún atados a un dolor antiguo… sostenido no por elección, sino por necesidad de pertenecer.
Cuando compartí esa pregunta en voz alta, el espacio se llenó de un silencio particular. Algunas personas asintieron en silencio, otras se emocionaron. Pero en casi todos, la pregunta no necesitó respuesta. Se sintió.
En nuestra historia familiar, muchas veces sostenemos no solo roles, sino también dolores. Dolor heredado. Dolor asumido. Dolor que no siempre entendemos pero que cargamos, como si fuera un precio que hay que pagar por ser parte del sistema del que venimos.
Sostenemos sufrimiento, sacrificio, escasez, culpa… como si al hacerlo dijéramos: "Mírenme, yo también pertenezco. Yo también cargo con esto."
Y sin
darnos cuenta, quedamos atrapados en el dilema:
¿Pertenecer al sistema… o pertenecer a nosotros mismos? El precio de pertenecer al sistema muchas veces
es no poder pertenecernos a nosotros mismos.
Y eso es lo que verdaderamente duele.
Pero también hay otra mirada posible. Una mirada liberadora.
Ya pertenecemos al sistema.
Pertenecemos por el simple hecho de haber llegado a él. No necesitamos pagar
con sufrimiento ni repetir los dolores heredados para conservar ese lugar.
Ya somos parte.
Y desde ese lugar, es posible soltar. Soltar la carga, soltar la repetición, soltar la idea de que solo desde el sacrificio merezco.
Esta es la verdad que, cuando se comprende profundamente, transforma:
Ya pertenecés, a vos. A tu cuerpo, a tu deseo, a tu propósito.
Y desde ahí, mirar la vida con nuevos ojos: no desde las heridas de quienes te
precedieron, sino desde tu capacidad de crear.
Ese es el desafío. Comrender que:
No tenés
que pagar ningún precio.
No necesitás repetir ninguna historia para ganarte tu lugar.
No tenés que cargar nada para merecer amor.
El simple
hecho de haber nacido en ese sistema te da tu lugar.
Nadie te lo puede quitar.
Ninguna decisión que tomes, por más distinta que sea, anula tu pertenencia.
El gran
paso es animarse a dejar de sostener ese dolor heredado y comenzar a sostener
algo nuevo:
Tu alegría.
Tu abundancia.
Tu propia verdad.
Pero
claro… eso también duele.
Porque cuando dejamos de sostener el dolor familiar, aparece otra forma de
culpa:
Y es ahí
donde se activa tu energía adulta.
Esa que puede elegir sostener algo distinto.
Esa que puede mirar al sistema con amor y decir:
"Gracias. Ya hice suficiente. Ahora me pertenezco a mí."
Te invito a que te hagas esta pregunta:
¿Qué estás sosteniendo hoy, y por qué?
¿Es tuyo
o lo heredaste?
¿Sostenés desde la conciencia o desde la necesidad de encajar?
Recordá:
Ya tenés tu lugar.
No hace falta cargar lo que no te corresponde para demostrar que pertenecés.
Pertenecés
por existir.
Y ahora, podés crear una vida que te pertenezca según tu verdad.
si te gusto este articulo puede interesarte leer este👇:
y quizás este también te interese si deseas una transformación en tu vida👇:
.jpeg)

.jpeg)

Comentarios
Publicar un comentario