Sostener lo diferente!!

 Hoy, después de salir a caminar y sentir cómo el cuerpo se activaba, pensé en la importancia del movimiento. No solo del físico, sino del interno. Porque movernos, aunque sea unos pasos, también mueve las ideas, las emociones, la energía estancada.

Y mientras caminaba, apareció una pregunta:
¿De verdad estamos en la carencia porque queremos? 


Obviamente no. Nadie elige conscientemente quedarse en el vacío, repetir dificultades o vivir en la escasez. Pero tampoco es tan simple como decir que “si quiero abundancia, la tengo”, o que “si no la tengo, es porque no la elegí”.

Creo que la clave está en otro lugar.
Creo que todo se resume en esto:

¿Cuánto estamos realmente preparados para sostener?

Sostener el cambio.
Sostener lo nuevo.
Sostener lo que nunca vimos en nuestra historia familiar.

Porque muchas veces, quienes venimos a resignificar una línea, a cambiar la narrativa de todo un sistema, sentimos miedo. Un miedo profundo, ancestral. Miedo a lo desconocido. A lo que no tiene referencias atrás.

Y aunque logremos atravesar ese miedo, suele aparecer otra emoción que puede ser aún más desafiante: la culpa.

La culpa de hacerlo distinto.
La culpa de tener lo que otros no tuvieron.
La culpa de vivir una vida más libre, más consciente, más plena.

Y ahí entendí algo esencial:
no se trata solo de sostener la carencia o la abundancia.
Se trata de sostener la culpa de hacerlo diferente.


Pero ¿quién puede sostener esa culpa?
¿Quién puede sostener el peso de elegir un camino distinto?

El niño que fuimos y viven en nuestro interior no puede.
El niño no actúa por conciencia, actúa por amor.
Un amor ciego, leal, incondicional al sistema familiar.

El que sostiene de verdad… es el adulto.
El adulto consciente.
El que puede mirar el pasado con respeto, agradecer lo recibido, y aun así elegir otro camino.


Y es ahí es donde entra la energía del padre.

Porque la fuerza para sostener lo nuevo, para mantenernos firmes en una decisión y avanzar a pesar de la incomodidad, viene muchas veces de la integración de la energía paterna.

El padre ,o la función paterna, representa el impulso hacia la vida, el sostén externo, la acción, la estructura y la dirección.
Y nuestra capacidad de sostener, muchas veces, está directamente relacionada con cómo pudimos vincularnos con esa energía.
Cómo la tomamos. Cómo la practicamos. Cómo la actualizamos en la vida adulta.

Sostener no es solo resistir.
Es avanzar. Elegir. Persistir.
Es construir un adulto sano que pueda sostener la culpa, el miedo, la soledad, el juicio… sin retroceder.

Porque si no podemos sostener, volvemos al patrón.
El niño sigue el patrón por amor.
El adulto crea lo nuevo con fuerza.


Entonces hoy me pregunto, y te invito a preguntarte:

¿Desde qué parte tuya estás eligiendo?

¿Qué fuerza estás activando en tu vida?

¿Cómo estás integrando tu energía adulta y tu energía paterna?

Porque cambiar no es solo decidir.
Cambiar es sostener lo que viene después de decidir.


Y para eso, necesitamos fuerza. Y la fuerza, muchas veces, viene de papá.

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