La verdadera responsabilidad del terapeuta holístico: ¿a quién servimos cuando servimos?
Vivimos un tiempo en el que las terapias holísticas e integrales se han multiplicado. Cada vez más personas buscan en ellas alivio, respuestas y transformación. Pero en este crecimiento también aparece un desafío: la responsabilidad real del terapeuta que acompaña en este camino a otros.
Porque la responsabilidad no siempre se ejerce de manera transparente. Muchas veces está teñida por la propia historia, por heridas familiares o necesidades no resueltas que se disfrazan de servicio.
He visto terapeutas que se colocan en el rol de ayudar no porque estén al servicio de algo mayor, sino porque intentan inconscientemente reparar su propio sistema familiar.
El que quiere salvar a todos porque no pudo salvar a alguien en su historia.
El que necesita que lo admiren porque en su familia no fue reconocido.
El que ocupa el lugar de “sostener” al otro cuando en realidad no puede sostenerse a sí mismo.
En esos casos, el consultante deja de ser fin en sí mismo y se convierte en medio para que el terapeuta sane lo que no se atreve a mirar. Y esto es una falsa responsabilidad, porque el servicio se vuelve un reflejo de la herida.
También he visto —y muchas personas lo perciben— que el discurso de algunos terapeutas no coincide con su vida real. Hablan de equilibrio, contención, coherencia, pero no pueden aplicarlo en su propia existencia. Se colocan al servicio de acompañar a otros, pero no se acompañan a sí mismos.
Y en mi propia experiencia como terapeuta complementaria, en consultorio lo he comprobado: cuando alguien acumula conocimiento sin encarnarlo, se queda en lo mental. He tenido consultantes que han pasado por largos caminos de aprendizaje, llenos de cursos y técnicas, pero sin poder darle forma real a su sanación. Porque el conocimiento, si no se vive, no transforma.
Entonces te invito a observar esto:
¿Para quién trabajamos cuando trabajamos?
Un Curso de Milagros y el Suplemento de Psicoterapia lo dicen de manera clara: todo terapeuta trabaja, consciente o no, para la luz o para la oscuridad.
Esto no tiene que ver con religiones, sino con honestidad:
¿Trabajo para liberar al otro y devolverle su poder?, sabiendo que significa eso porque lo atravesé en mí.
¿O trabajo para sostener mis dependencias, mi ego y mis viejas lealtades?
El verdadero servicio no coloca al terapeuta en el centro, sino que lo convierte en un canal de algo más grande.
Otro tema que está siempre en discordia es la remuneración como parte de la sanación
Aquí quiero hablar desde lo que he visto en carne propia. Durante mucho tiempo yo también hice esto de no cobrar si la persona no podía pagar, esperando que “el universo proveería”. Y lo que observé es que cuando el consultante no asume el compromiso de pagar, tampoco asume el compromiso real con su proceso. Y los resultados no llegan.
En cambio, he visto personas con recursos muy limitados, que con esfuerzo asumieron pagar por su sanación. Y fueron ellas las que más avanzaron. Porque el pago no es solo dinero: es un acto de compromiso y de responsabilidad con uno mismo. Ya que si yo acepto el "no puedo pagar" lo estoy limitando y dándole la razón a su limitación en la relación con el compromiso para si mismo.
Por eso, hoy entiendo que cobrar no es una falta de espiritualidad ni de amor, sino un modo de sostener un circuito sano de dar y recibir lamentando así su decisión de autonomía sus limitaciones aprendidas
Podría definir que la honestidad ersonañ es la base del servicio
Ser terapeuta holístico y/o integral o complementaria, no es una moda ni un título. Es una responsabilidad profunda.
Y esa responsabilidad se mide en preguntas que nunca dejan de estar vigentes:
¿Para quién estoy trabajando?
¿Estoy usando al consultante para sanar lo mío?
¿Soy coherente entre lo que enseño y lo que vivo?
¿Estoy dispuesto a dejar que el otro sea libre, o necesito que dependa de mí?
En definitiva, lo que he aprendido es que servir desde la herida es repetir la herida. Pero servir desde la honestidad, la coherencia y la reciprocidad es abrir un camino de vida, tanto para el consultante como para el terapeuta.
En mundo inconsciente creemos que el camino de acompañar a otros es una responsabilidad profunda y respetuosa, la cual primero hemos tenido que atravesarla y aprenderla.
¡Gracias, gracias, gracias!
Si llegaste hasta aquí te invito Ver👇🏼:
Escucha el podcast 👇🏼
Comentarios
Publicar un comentario